Nada de lo que aquí se escribe pretende predecir el futuro, influir en decisiones de inversión ni endulzar la realidad. Este texto no contiene recomendaciones, advertencias salvíficas ni consignas. Solo ideas —algunas incómodas, otras deliberadamente provocadoras— escritas desde la independencia intelectual y el escepticismo radical hacia los dogmas dominantes.
Cualquier parecido con hechos reales, instituciones o personajes identificables no es coincidencia: es evidencia de que la ficción y la economía moderna a menudo comparten los mismos guionistas.
Las cifras cambian, la propaganda se adapta y la narrativa oficial siempre encuentra nuevos disfraces. Aquí no: aquí se exponen contradicciones que el seguidor de la Regla del Hombre Prudente sabrá discernir.
El humor, cuando aparece, es un medio de defensa, no un arma de ataque. Y si algo resulta ofensivo, conviene recordar que nada supera la ofensa cotidiana de quienes dirigen el sistema con la soberbia de quien confunde poder con conocimiento.
Por último, el pasado no garantiza nada, salvo la repetición de los mismos errores con mejor narrativa y un mayor número de seguidores. Nada de lo anterior debe interpretarse como recomendación de inversión ni como invitación a comprar o vender ningún activo financiero.